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África, culto y rituales para los muertos

 In Fallecimiento

“la muerte: Una mirada cultural al carácter transitorio de la vida.” versión África.

La llegada del Islam a través de las guerras de conquista en los siglos XVIII y XIX, y la difusión del cristianismo en el transcurso del periodo colonial, influyeron bastante en la evolución sobre la idea de la muerte y los ritos que buscan representarla en África.

Sin embargo, independientemente de la diversidad de los rituales y la divergencia de sentido que a veces se les puede atribuir, es evidente que la mayoría de las etnias africanas se esfuerzan, ante todo, por hacer que la muerte les sea familiar, integrarla al ciclo de la vida y hacer de ella una etapa entre otras de ese ciclo.

La mayoría de los rituales funerarios dan pruebas de la conservación de los lazos entre la persona fallecida y su entorno, pues, incluso siendo ya un cuerpo sin vida continúa perteneciendo a la familia, significando para ellos la presencia del fallecido entre los suyos. Por ello, todo el linaje se reúne para beber, comer y cantar Loas (alabanzas donde se recalcan las cualidades o los méritos del difunto), lo que constituye una manera de prolongar su existencia en el mundo. Esto es muy común en los Mossi, -el mayor grupo étnico de Burkina Fasso (estado de África Occidental)-, quienes además representan al fallecido vistiendo sus ropas e imitando sus ademanes y manera de hablar.

En cambio, para la etnia Diola, ubicada principalmente en Senegal, la persona fallecida debe presidir su propio funeral, por lo que es vestido con su mejor ropa, sentado en el sillón que estaba acostumbrado con la mano en alto, como si estuviese saludando a la multitud. Es llevado en andas, una especia de caja con varas, hasta el lugar de su inhumación, mientras músicos y bailarines danzan en torno al cortejo, desafiando así la trágica dimensión de la muerte, dándole una coloración épica y triunfal a la ceremonia fúnebre.

Aún así, la familiaridad con los muertos puede continuar mucho tiempo después del deceso, como es el caso de la etnia Merina, ubicada en el altiplano de Madagascar, quienes aproximadamente cada cinco años realizan la ceremonia del Famadihana, que consiste en abrir la tumba y colocar el fallecido sobre los hombros de los danzantes, el cual lanzan al aire mientras desfilan alegres y en desorden por las diversas calles de la aldea. Luego, envuelven el cuerpo en unas esteras nuevas con el fin de transmitir un poder fecundante y después repartirlos a las mujeres. Todo esto es una forma de reforzar los lazos internos entre el fallecido y sus parientes vivos.

Para los africanos, el lazo familiar que se ha mantenido más allá de la muerte se reactiva mediante la creencia de que todo niño que viene al mundo es portador del alma de uno de sus antepasados. Tal idea sigue en la lógica de la primacía del grupo con respecto al individuo, lógica asociada a la negación de la muerte en cuanto a una ruptura definitiva. Pese a ello, la creencia en la reencarnación no constituye la base de una filosofía sobre el devenir del ser al cabo de sus sucesivas existencias, como en las grandes religiones asiáticas.

La noción de destino es inexistente en el pensamiento religioso africano tradicional, debido probablemente a que está muy ligada a la noción de individuo. No toda la personalidad del desaparecido reencarna en su descendencia, sino únicamente un fragmento. La noción de alma no concibe ésta como una e indivisible; está compuesta de varias partes autónomas unas de otras, lo cual permite asociar la creencia en la reencarnación al culto de los antepasados y a la devoción por un principio creador, señor del universo. Entre los Ashanti, importante grupo étnico de Ghana, lo que renace en el linaje uterino es la “sangre”, mientras que el “principio masculino” (que consiste en permitir que las cosas sigan su curso) se reúne con los antepasados y el “alma” regresa al Creador. Es decir, que al morir alguien, éste se reunirá con sus ancestros y su línea de descendientes continuarán con sus creencias, valores y saberes inculcados en la tierra. 

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